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Astillero Río Santiago (ARS). Un Círculo Viciosos perfecto

Si hacemos una matriz de Valor Social versus Resultado Económico, el inicio del ARS, estuvo ubicado en las alturas del cuadrante superior izquierdo (sector estratégico) hasta mediados de los ochenta. Algunas pérdidas económicas eran aceptables dado que tenía el rol estratégico de forjar las bases de una industria naval moderna de todo el país, cubriendo un excesivamente amplio rango de buques (militares, frigoríficos, petroleros, cargueros, etc.). Pero con el paso del tiempo, y gracias a ese rol fundacional, se desarrolló una pujante industria naval argentina privada, y aparecieron otros astilleros, grandes y medianos, que empezaron a desdibujar ese aspecto de rol estratégico inicial del ARS.

El inicio de la desaparición del Estado Armador en los ochenta, junto a las nuevas reglas del mercado internacional de fletes y la crisis económica argentina, empezaron a poner en duda el sentido del astillero estatal, que estuvo en la mira de la ola privatizadora a principio de los años noventa.

La provincialización del ARS en 1993, lo salvó de la privatización pero lo impulsó a un cambio de paradigma irreversible. Los criterios industriales y productivos que habían llevado al AFNE-ARS a convertirse en uno de los mayores astilleros del continente, fueron reemplazados por criterios políticos partidarios con las peores prácticas demagógicas.

De la mano del gobernador Duhalde y de quienes lo continuaron por muchos años, el ARS se convirtió en un bastión de fuerza electoral regional, que bajo este nuevo objetivo, duplicó su dotación (especialmente no relacionada a la producción), mientras reducía sensiblemente el trabajo realizado.

Ese recorrido lo internó más y más en el peor de los cuadrante de la matriz conceptual mencionada. Combina grandes y permanentes pérdidas económicas estructurales y tiene un muy discutible valor social añadido, ya que el solo hecho de “tener mucha gente” no puede ser considerado una forma válida de tener real valor social.

En el ARS se mezclaron explosivamente dos factores, que son justamente los que participan en la relación de productividad “Empleo/MMusd de venta”. Desde mediados de los años noventa al 2017, la relación ha crecido desde un alto pero “manejable” valor del orden de 35 al insoportable índice 8 veces peor, de 250 a 300 Empleos/ MMusd, que muestra una productividad 13 veces peor que la de los astilleros estatales regionales (19 Empleos/MMusd).

Numerador y denominador de esta relación están estructuralmente complicados en el caso del ARS.

Por un lado, la dotación de empleados (numerador) en el ARS es colosal y deforme. En el período mencionada, se ha sumado una enorme cantidad de gente innecesaria para el trabajo existente, llegando a tener una relación de 1:3 de personal realmente relacionado a la producción respecto del total, lo cual es exactamente contrario al resto de los astilleros estatales regionales y del mundo.

Por otro lado, la producción (denominador) se redujo a principios de los noventa, y nunca se recuperó por encima del ridículamente bajo valor de 12 MMusd/año promedio.

Los ingresos del ARS siempre dependieron del Estado : ELMA+YPF (28%), Armada Argentina (59%) y en el nuevo siglo con exportaciones ¨políticas¨ a Venezuela principalmente.

Pero el mismo Estado que alimentó al ARS durante toda su vida, empezó a notar la pérdida de productividad (que la misma política demagógica causaba) y el enorme déficit que le causaba. Esto llevó a una pérdida de confianza por parte del Estado y por lo tanto a retacearle garantías, financiación, contratos e inversiones, con el consecuente deterioro creciente en todos los ámbitos del astillero. Esto generó un círculo vicioso perfecto que se mantiene hace más de dos décadas gracias a que el Estado sigue aportando 170 MMusd/año sólo para evitar un conflicto social regional.

Este círculo vicioso no ha sabido romperlo ninguna administración a pesar de que han pasado ya todos los signos políticos imaginables.