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Astillero Río Santiago (ARS). ¿Estado Industrial?

En la primera parte del siglo pasado, el Estado desarrolló las infraestructuras de diques, muelles y talleres navales, creó la carrera de ingeniería naval, impulsó la normativa inicial y la demanda de barcos, cubriendo sus propias necesidades.

Pero fue de singular importancia el más ambiciosos proyecto de construcción naval estatal, el Astillero Río Santiago, dentro del grupo AFNE (Astilleros y Fábricas Navales del Estado) que, fundado en 1953, llegó a ser el más importante de Sudamérica, cumpliendo un rol estratégico como promotor de esta actividad y formador de los futuros empresarios, profesionales y obreros navales del país.

El Estado apoyó así a esta industria por muchas décadas hasta abandonarla  a su propia suerte, sobre el final del siglo pasado y desarrollando, en ARS, la anodina actitud de financiar infructuosamente sus pérdidas estructurales pero sin ningún rumbo claro.

 

Hay muchas preguntas que surgen al encontrar al Estado aportando enormes recursos para mantener actividades industriales estructuralmente deficitarias. Frente a esos cuestionamientos hay dos posiciones, según sea la visión del rol del Estado-Astillero.

Los críticos, históricamente argumentaron que:

  • El ARS puede y suele cotizar por debajo de un precio razonable y aun por debajo del costo, pues aunque pierda plata el Estado siempre lo subsidiará.
  • Con sus impuestos el astillero privado sostiene al ARS y a los armadores estatales (que preferentemente compran al ARS). Es ridículo pero el astillero privado aporta para mantener a ambos, a su cliente y a su competidor.
  • Los miles de millones de dólares perdidos por el ARS en este siglo hubiesen sobrado para financiar construcciones en astilleros privados generando más desarrollo y empleo que el artificialmente mantenido en Ensenada.
  • El gigantesco déficit estructural del ARS es el mayor obstáculo para obtener el imprescindible apoyo del Estado a la industria naval. Los funcionarios temen que apoyando a la industria terminen "alimentando al monstruo".
  • El gobierno entiende que los 170MMusd anuales entregados al ARS son ya un enorme subsidio a la industria naval total, sin reparar que de eso los astilleros privados no reciben nada y necesitan, al menos, su atención.
  • Hace décadas que el subsidio al ARS no sirve más que para "comprar la paz social en Ensenada" y en realidad representa un "Plan Social Naval" del orden de 50.000 USD-año/persona. El más caro y menos útil de la Argentina.

Las voces en defensa del Estado-Astillero dicen:

  • El ARS asegura la capacidad industrial naval para abastecer barcos para el Estado y tiene un rol de regulador de precios en el mercado.
  • El Estado-Astillero ha tenido un rol de formación de recursos humanos.
  • El ARS es un Servicio Público. De la misma forma que hay escuelas, universidades o servicios de salud o de seguridad públicos y privados.
  • El concepto de productividad no se aplica de la misma forma que en el sector privado. ¿Alguien mide cuántas vida se salvan por día en un hospital público, cuánto se enseña por mes, cuánta justicia se imparte por año o que porcentaje de los soldados van a la guerra realmente?

 

Son dos posiciones encontradas que requieren una definición política acorde a la realidad del país, del mundo, de los tiempos actuales y de sus proyecciones. Y sobre todo, se requiere una cuidada aplicación de la solución para contemplar todos los aspectos sensibles. Lo que no se puede mantener es la actitud anodina de tantas décadas.

 

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